EL MUNDO DE LOS ESPÍRITUS Y EL ESTADO DEL HOMBRE DESPUÉS DE LA MUERTE
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Las delicias de la vida de cada cual, se transforman, después de la muerte, en las delicias correspondientes
486. Que
la inclinación reinante o el amor predominante permanece eternamente en
cada uno, queda expuesto en el precedente artículo, pero que los
deleites de esta inclinación o de este amor se convierten en cosas
correspondientes, será explicado ahora. Por convertirse en cosas
correspondientes se entiende el convertirse en cosas espirituales que
corresponden a las cosas naturales. Que se convierten en cosas
espirituales puede constar por esto de que el hombre mientras está en su
cuerpo terrestre está en el mundo natural, pero al dejar aquel cuerpo
terrestre entra en el mundo espiritual revestido de un cuerpo
espiritual. Que los ángeles tienen perfecta forma humana, y también los
hombres después de la muerte, y que los cuerpos de los cuales están
revestidos son espirituales puede verse arriba (n. 73-77 y n. 453-460);
y lo que es la correspondencia de las cosas espirituales con las
naturales (n. 87-115.)
486.
Todo goce que tiene el hombre viene de su amor reinante, porque el
hombre no siente cosa alguna como goce más que lo que ama, por
consiguiente en mayor grado lo que ama sobre todo: Decir amor reinante y
decir lo que se ama sobre todas las cosas es lo mismo. Estos goces son
varios; son tantos como hay amores reinantes, por consiguiente tantos
como hay espíritus y ángeles, porque el amor reinante del uno no es
igual del todo al de otro. De ahí viene que nunca tiene uno un rostro
exactamente igual al de otro, porque el rostro es la imagen del alma de
cada uno, y en el mundo espiritual es la imagen del amor reinante de
cada uno. Los goces de cada uno en particular son asimismo de infinita
variación, y en ninguna persona hay un goce determinado, enteramente
igual o idéntico a otro goce (en él), ni sucesiva ni simultáneamente,
uno idéntico con otro no existe; pero, sin embargo, se refieren estos
goces en cada uno en particular a cierto amor suyo que es su amor
reinante, porque juntos constituyen este, formando así uno con él. De
igual manera se refieren todos los goces en general, a un solo amor,
universalmente reinante, en el cielo al amor al Señor, y en el infierno
al amor a sí mismo.
487.
Cuales y como son los goces espirituales en los cuales se convierten los
goces de cada uno, no se puede saber sino por la ciencia de las
correspondencias. Esta enseña en general que no existe cosa alguna
natural al que no corresponde una cosa espiritual, y particularmente
enseña, asimismo, cual y como es lo que corresponde, por lo cual él que
esté al corriente de esta ciencia puede saber su estado después de su
muerte, con tal que conozca su amor, y como es con relación al amor
universalmente reinante, al que se refieren todos los amores, como se
acaba de decir más arriba; pero conocer su amor reinante es imposible
para los que se encuentran en amor consigo mismo, puesto que aman lo
suyo y llaman bienes a sus maldades, y verdades a las falsedades que
favorecen sus males, los cuales confirman mediante ellas; Esto no
obstante pueden saberlo, si quieren, por otros que son sabios, puesto
que estos ven lo que no ven aquellos; pero ni esto sucede con los que
están saturados por el amor a sí mismo, hasta el punto de despreciar
toda la doctrina de los sabios. Por otra parte, los que se hallan en
amor celestial admiten la enseñanza por las verdades, y ven sus males,
en los cuales han nacido, cuando son introducidos en ellos, porque las
verdades descubren los males; cada uno puede, desde la verdad que viene
del bien, ver el mal y su falsedad, pero nadie desde el mal puede ver el
bien y la verdad. La causa es que las falsedades del mal son tinieblas,
y corresponden asimismo a estas, por lo cual los que están en falsedades
por el mal son como los ciegos que no pueden ver las cosas que se hallan
en la luz y huyen de ellas como las lechuzas.
Pero las
verdades del bien son luz y corresponden asimismo a esta (véase arriba,
n. 126-134), por lo cual los que están en verdades por el bien ven y
tienen los ojos abiertos, haciendo distinción entre las cosas que
pertenecen a la luz y las que pertenecen a la sombra.
También en estos puntos me ha sido concedido confirmarme por
experiencia. Los ángeles que están en los cielos ven y perciben los
males y las falsedades que varias veces se despiertan en ellos mismos, y
también los males y las falsedades en las cuales están los espíritus que
en el mundo de los espíritus tienen comunicación con los infiernos, pero
los espíritus mismos no pueden ver sus maldades y falsedades.
Lo que es el bien del amor celestial, lo que es la conciencia, lo
que es la sinceridad y la rectitud, aparte de lo que hacen por sí
mismos, lo que es el ser guiado por el Señor, no lo conciben; dicen que
tales cosas no existen, que por consiguiente no tienen valor alguno.
Esto se ha dicho con el fin de que el hombre se examine, y por
sus goces aprenda a conocer su amor, y tanto como entiende de la ciencia
de las correspondencias, saber el estado de su vida después de su
muerte.
488. De
que manera los goces de la vida de cada uno después de la muerte se
convierten en cosas correspondientes puede por cierto saberse por la
ciencia de las correspondencias, pero viendo que ésta ciencia aún no ha
llegado a ser generalmente conocida, aclararé algo este particular
mediante ciertos ejemplos por experiencia. Todos los que se hallan en el
mal, habiéndose confirmado en falsedades contra las verdades de la
iglesia, sobretodo los que han rechazado el Verbo, huyen de la luz del
cielo, arrojándose en criptas cuyos orificios parecen negras tinieblas,
y en rocas agrietadas, escondiéndose allí, y esto porque amaron las
falsedades y odiaron las verdades; porque tales criptas y grietas, así
como las tinieblas, corresponden a las falsedades, y la luz a las
verdades. Su gozo es vivir allí y su pena vivir en campos abiertos. De
igual modo hacen aquellos cuyo goce ha sido espiar a otros en secreto y
ocultamente urdir engaños. Éstos están también en las mencionadas
criptas, y se meten en unos receptáculos tan oscuros que ni siquiera
pueden verse los unos a los otros, y en los rincones se hablan al oído;
en tales cosas se convierten los goces de su amor. Los que han estudiado
las ciencias sin otro fin que el de llamarse doctos, no habiendo
mediante ellas desarrollado su mente racional, habiendo experimentado
goce en las cosas de la memoria por orgullo de ello, aman lugares
arenosos, los cuales eligen con preferencia a los campos y huertas,
puesto que los terrenos arenosos corresponden a tales estudios.
Los que han sido versados en la ciencia de las doctrinas de su
iglesia y de otras, no habiendo aplicado esta a su vida, eligen lugares
pedregosos y habitan entre montañas de piedras, huyen de los lugares
cultivados, porque les son antipáticos. Los que han atribuido todo a la
naturaleza, así como los que han atribuido todo a la propia
inteligencia, y valiéndose de artificios varios, se han elevado a
puestos honoríficos, enriqueciéndose, estudian en la otra vida artes
mágicas, que son abusos del orden Divino, en los cuales encuentran el
gozo mayor de su vida; los que han aplicado las verdades Divinas a sus
amores, falsificándolas de esta manera, aman suciedades de orina, porque
suciedades de orina corresponden a los goces de tales amores. Los que
codiciosamente han sido avaros, viven en los sótanos y aman la sordidez
de los cerdos, y también hedores tales como los que exhalan los
alimentos indigestos en el estómago. Los que han vivido enteramente
en voluptuosidades, delicadamente, satisfaciendo la boca y el
estómago, y estimando estas cosas las más importantes de la vida, aman
en la otra vida los excrementos y las letrinas; estas cosas les son
entonces gratas, porque tales voluptuosidades
son inmundicias espirituales: huyen de los lugares limpios y
libres de suciedad, por serles desagradables. Los que han gozado en
adulterios pasan su vida en burdeles, donde todas las cosas son sucias y
asquerosas; estas cosas aman, y huyen de las casas castas; tan pronto
llegan a estas últimas caen en desmayo; nada hay para ellos más
agradable que romper los matrimonios; los que han sido vengativos, y por
ello han adquirido una naturaleza feroz y cruel, aman
la carroña, y están también en tales
infiernos. Otros de otra manera.
489. Por
otra parte, los goces de la vida de los que en el mundo han vivido en
amor celestial, se convierten en tales cosas correspondientes cuales hay
en los cielos, procedentes del sol del cielo y de la luz del mismo, cuya
luz expone visiblemente estas cosas, que dentro de sí encierran cosas
Divinas. Las cosas así presentadas afectan los interiores de. los
ángeles, es decir, las cosas de sus mentes, y al mismo tiempo los
exteriores, que son las cosas de su cuerpo; y puesto que la luz Divina
que es la Divina verdad, procedente del Señor, influye en sus mentes,
que se hallan abiertas por amor celestial, se presentan exteriormente
cosas que corresponden al goce de su amor. Que las cosas que aparecen
ante la vista en los cielos corresponden a los interiores de los
ángeles, es decir, a las cosas que son de su fe y de su amor, y por ello
de su inteligencia y de su sabiduría, se ha expuesto en el artículo
donde se trata de la sabiduría de los ángeles del cielo (n. 265-275). Ya
que he empezado a confirmar este hecho, mediante ejemplos por
experiencia, para ilustrar lo que antes he dicho acerca de cosas
determinadas por el mismo, referiré también algo de los goces
celestiales, en los cuales se cambian los goces naturales en aquellos
que viven en amor celestial en el mundo. Los que han amado la Divina
verdad y el Verbo por inclinación interior, o por inclinación a la
verdad misma, habitan en la otra vida en luz, en lugares 'elevados,
parecidos a montes, y allí se hallan constantemente en la luz del cielo;
ignoran lo que son tinieblas como las de la noche en el mundo, y viven
asimismo en una temperatura primaveral; delante de su vista, se
presentan en apariencia, campos, cosechas y viñedos; en sus casas brilla
todo objeto con el brillo de las piedras preciosas; mirar por sus
ventanas es como mirar al través del cristal puro; estos son goces de su
vista, pero son también goces interiores, a causa de la correspondencia
con las cosas Divinas celestiales, porque las verdades que vienen del
Verbo, el cual amaban, corresponden a las cosechas, las viñas, las
piedras preciosas, las ventanas y los cristales. Los que han aplicado a
la vida las enseñanzas doctrinales de la iglesia, inmediatamente, las
cuales son del Verbo, están en el íntimo cielo, y en preferencia de los
demás en el goce de la sabiduría. En cada objeto ven cosas Divinas; ven
por cierto el objeto, pero la correspondencia Divina influye en seguida
en sus mentes y las llena de una felicidad que afecta todos sus
sentidos; por esta causa todas las cosas ante sus ojos parecen jugar,
reír y vivir (acerca de esto véase arriba, n. 270). Los que amaban las
ciencias, y por ellas desarrollaban su mente racional, adquiriendo así
entendimiento, y al mismo tiempo reconocían lo Divino, sus placeres de
la ciencia y sus goces racionales se convierten en la otra vida en goces
espirituales, que vienen de los conocimientos del bien y de la verdad.
Viven en jardines donde hay flores y sábanas verdes, hermosamente
distribuidas en grupos y guarnecidos de árboles, que forman arcadas y
pórticos; los árboles y las flores cambian cada día. La contemplación de
todas las cosas causa goces a su mente en general, y las variaciones en
los detalles renuevan constantemente estos goces y puesto que
corresponden a cosas Divinas, y aquellos ángeles se hallan en la ciencia
de la correspondencia, adquieren siempre nuevos conocimientos, y
mediante estos perfeccionan su racionalidad espiritual. Estas cosas son
goces para ellos, porque jardines, flores, matas y árboles corresponden
a saberes y conocimientos, y por consiguiente al entendimiento. Los que
han atribuido todo a lo Divino, considerando la naturaleza en
comparación muerta, meramente subordinado a las cosas espirituales,
habiéndose confirmado en estas, se hallan en la luz celestial, y todas
las cosas que ven ante sus ojos tienen por esta luz la particularidad de
que son diáfanas, y en esta transparencia ven innumerables variaciones
de la luz, las cuales su luz espiritual acoge casi inmediatamente,
percibiendo por esto goces interiores. Las cosas que hay en sus casas
son como de diamantes, y en ellas hay las mismas variaciones. Se ha
dicho que las paredes de su casa son como de cristal, es decir, también
transparentes, y en ellas se ven como formas flotantes, representando
cosas1 celestiales, también de continua variación; y esto porque tal
transparencia corresponde al entendimiento iluminado por el Señor,
después de ser alejadas las sombras que vienen de la fe en cosas
naturales y el amor a las mismas. Estas y otras infinitas son las cosas,
acerca de las cuales dicen los que han estado en el cielo, que han visto
cosas que jamás ojos vieron, y a causa de la percepción de cosas
Divinas, que por conducto de aquellos objetos les fue comunicada, que
"han oído cosas que jamás oído escuchó." Los que no han obrado en
secreto, deseando, al contrario, que todo ' cuanto pensaban fuese
manifiesto, cuanto lo permitía la vida civil — puesto qué estos no han
pensado más que sincera y justamente por lo Divino — su rostro luce en el
cielo, y en el rostro aparecen por esta luz todas las inclinaciones y
pensamientos como en su forma, y en cuanto a hablar y obrar, son como
imágenes de sus inclinaciones. En su consecuencia son amados más que
otros; cuando hablan, se oscurece algún tanto su rostro, pero después de
hablar se manifiestan las cosas que han hablado en el rostro también
plenamente visibles. Todas las cosas que existen en sus alrededores son
también del aspecto que otros perciben claramente lo que representan y
significan — puesto que corresponden a sus interiores. Los espíritus que
han sentido gozo en obrar ocultamente, huyen de ellos lejos, y al
alejarse de ellos, parecen arrastrarse por tierra como serpientes. Los
que han considerado el adulterio como asquerosidades, y han vivido en
casto amor conyugal, se hallan con preferencia a los demás en el orden
del cielo y por ello en toda hermosura, y continuamente en la
florescencia de la juventud. Los goces de sus amores son inefables y
aumentan eternamente, porque en aquel amor influyen todas las cosas, del
gozo y de la. felicidad del cielo, puesto que aquel amor desciende de la
conjunción del Señor con el cielo y con la iglesia, y en general por la
conjunción del bien y la verdad, cuya conjunción es el mismo cielo en
general y en cada ángel en particular (véase arriba, n. 366-386). Sus
goces externos son tales que no pueden expresarse mediante palabras
humanas. Pero pocas son las cosas aquí citadas con respecto a las
correspondencias de los goces en los que se hallan en amor celestial.
490. Por
esto puede ahora saberse que los goces de estos todos se convierten
después de la muerte en cosas correspondientes, mientras que el amor
mismo, sin embargo, permanece eternamente; como por ejemplo el amor
conyugal, el amor a la justicia, a la sinceridad, al bien y a la verdad,
el amor a la ciencia y a los conocimientos, el amor a la inteligencia y
a la sabiduría y los demás. Las cosas que fluyen de ellos como ríos de
sus fuentes son los goces los cuales también permanecen, pero son
elevados a un grado superior, cuando de naturales pasan a ser
espirituales.
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